Artículos de Categoría: Selección
Somos lo que pensamos. Cómo redirigir los pensamientos
Los primeros dos versos del Dhammapada dicen:
// Somos lo que pensamos, habiéndonos convertido en aquello que pensábamos. Como la rueda de un carro sigue al buey que tira de él, así nuestro pesar sigue a un pensamiento impuro
// Somos lo que pensamos, habiéndonos convertido en aquello que pensábamos. Como la sombra acompaña al objeto que la proyecta, así nuestro bienestar sigue a un pensamiento puro
Pobreza de espíritu y moralidad de esclavo. Reflexiones sobre la humildad. Parte 1
En uno de mis recientes viajes a Israel, visitando el Monte de las Bienaventuranzas, junto al Mar de Tiberiades, vino a mi mente la primera bienaventuranza pronunciada allí mismo (Sermón de la Montaña) por Jesús según los evangelistas Mateo y Lucas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos “.
Fenomenología, yoga clásico y rueda de la conciencia
En este artículo trato de la evolución de la forma de percibir la realidad dentro de la corriente filosófica occidental de la fenomenología, y cómo el camino que se intuye es un camino trazado desde hace milenios en Oriente - el yoga clásico - para entender la naturaleza de esa realidad y para la liberación interior. Y concluyo afirmando que la conciencia de las sensaciones a través del cuerpo es una práctica beneficiosa para conectar con el ahora en la vida diaria.
Sin fango, no hay Flor de Loto
“No Mud, No Lotus: The Art of Transforming Suffering“ (Sin fango, no hay flor de loto: El arte de transformar el sufrimiento) es el título de un libro de Thich Nhat Hanh. “Es como cultivar flores de loto. No puedes cultivarlas en el mármol, tienes que hacerlo en el barro. Sin barro no puedes tener una flor de loto. Sin sufrimiento no aprenderás a ser comprensivo y compasivo”.
La escalera que se apoyaba en la “pared equivocada”
Podemos ser muy eficientes, o sea, hacer muy bien ... los trabajos equivocados, o como se suele decir, “subir una escalera de prisa, pero apoyada sobre una pared equivocada”. O lo que es peor, “estar toda la vida subiendo una escalera, para al final darse cuenta que era la equivocada”, como decía el místico Thomas Merton.





