Manejo de las emociones escuchando al padre y al niño internos
Muchos de los problemas de malestar psicológico y de estados de ánimo de ansiedad o depresión están relacionados con una inadecuada regulación de las emociones, y suelen provenir de experiencias de la infancia. Lo mismo puede ocurrir con problemas de personalidad y de comportamiento, como en el caso de las adicciones. El trabajo con los esquemas y roles internos es útil.
Experiencias dañinas en la niñez
La mayor parte de las veces la incapacidad de regular las emociones es consecuencia de experiencias dañinas en la primera etapa de la vida, como por ejemplo abusos, falta de apego seguro o desatención de los progenitores a las necesidades básicas (falta de cariño, atención, seguridad o autonomía). Estas experiencias de la niñez dejan marcas psicológicas (traumas, en los casos más severos) que hacen que en la edad adulta las emociones que se desencadenan ante determinados estímulos o situaciones externas se manejen de forma inadecuada. La persona emplea estrategias inadecuadas, como sumisión, evitación o sobre-compensación, lo que da lugar a problemas en su comportamiento y en sus relaciones.
Se puede pensar en la existencia de dos roles internos principales que uno adopta. También se llaman modos. Aparecen y desempeñan un papel (e incluso “hablan”) dentro de nosotros a la hora de reaccionar a situaciones o estímulos externos. Son: el padre o madre y el niño o niña. O sea una parte interna de uno hace de padre/madre y otra de niño/niña en el procesamiento emocional.
Cuando no se manejan bien las emociones, estos roles internos o modos no se comportan de manera adaptativa y beneficiosa para el sujeto, sino que son disfuncionales. El padre/madre se convierte en padre/madre severo(a), el niño/niña en niño(a) vulnerable y ahora también aparece la figura del protector disfuncional, que protege al niño/niña vulnerable del padre/madre severo(a).
Rol de padre/madre
El padre/madre severo(a) es el que nos dice lo que debemos hacer o lo que deberíamos haber hecho, pero de una forma dañina. Actúa como un implacable juez interno. Es la voz crítica. Procede de la interiorización de aspectos de los padres o de otras figuras de autoridad (como profesores, por ejemplo). Suele incluir altas exigencias o juicios duros, acusadores o condenatorios, que dan lugar a sentimientos de culpa, vergüenza, tristeza, abandono, infravaloración, o bien de desproporcionada auto-exigencia. Es lo que interviene cuando la persona se dice a sí mismo frases como: eres un inútil; es tu culpa; te lo mereces; una vez más lo haces mal; seguro que no te saldrá bien; la próxima vez tienes que bordarlo sin fallar; etc
Rol de niño/niña
El rol de niño/niña vulnerable es el que tiene y expresa esos sentimientos de culpa, vergüenza, tristeza, infravaloración, miedo, etc. Este rol puede transformarse en el de niño/niña enfadado(a) o impulsivo(a) cuando reacciona con enfado o impulsividad. Tanto en la faceta vulnerable como de enfado, el rol procede interiorización de creencias negativas sobre uno mismo o de la no satisfacción de las necesidades básicas derivada del comportamiento de figuras de autoridad en la niñez. Cuando el sentimiento es de abandono, el origen estaría en la ausencia o falta de atención de los padres en la niñez, por lo que en este caso el rol de niño/niña vulnerable aparece, pero no el padre/madre (está ausente).
Rol de protector
La figura del protector disfuncional, o sea la persona actuando en ese rol, interviene para proteger al niño del padre/madre severo(a) (o ausente) y emplea estrategias de afrontamiento inadecuadas, como sumisión (no se defiende con asertividad, tolera el abuso, etc), evitación (se retira, por ejemplo, bloqueándose y no haciendo nada, aislándose, etc. o busca distracción vía escapes, como alcohol, comida, juego, etc.) o sobre-compensación (defiende atacando con agresividad o llevando algo al extremo, por ejemplo la dedicación al trabajo o el perfeccionismo). Procede de las estrategias de supervivencia empleadas en la niñez para protegerse de las figuras de autoridad o para auto-gratificarse como compensación por las necesidades no satisfechas.
Estos roles internos que uno adopta – padre/madre, niño/niña, protector – pueden considerarse arquetipos universales que de alguna manera todos llevamos dentro, al estar inmersos en nuestra cultura. Existen otros que también pueden en algún momento ejercer algún papel o hablar como una voz, y que son por ejemplo el héroe o heroína, el rey o la reina, etc.
Hacia el adulto sano integrado
Cuando hay una cierta armonía entre estos tres roles y no se genera malestar en el sujeto, estamos hablando de un adulto sano, donde mora un niño feliz, y un padre y un protector que le ayudan.
Una manera de conocernos mejor y caminar en la vía de integración interna es ser conscientes de la existencia de estos roles, a los que podemos observar como testigos, con distancia (ver artículo sobre distanciamiento). Puede ser útil etiquetar mentalmente las emociones que se despiertan en el niño/niña, y darse cuenta de las posibles estrategias de protección inadecuadas (las antes comentadas de sumisión, evitación o sobre-compensación) que estamos llevando a cabo. Es posible ponernos en el lugar del rol de padre/madre y tratar de entender quizás esa manera de comportarse. A veces la manera de comportarse de un padre/madre difiere de unos hijos a otros, pues interviene la dinámica de las personalidades de cada hijo y la reacción de los padres al comportamiento de cada uno.
Para trastornos de cierta importancia (como trastornos de personalidad, adicciones, trastorno límite de personalidad) hay terapias que específicamente tratan los esquemas de pensamiento con los que actuamos (abandono, incompetencia, privación emocional, aislamiento social, etc) y que dan lugar a la aparición de esos roles internos disfuncionales. La Terapia de Esquemas de Young, que es una extensión de la Terapia Cognitivo Conductual y que incorpora además técnicas de la Terapia Gestalt y de la teoría del apego, es útil en estos casos. En ella se utilizan, con la ayuda de un psicólogo, técnicas como reestructuración cognitiva, reescritura de narrativas usando la imaginación y el role-playing, resolución de problemas, etc
Hay otras terapias, métodos y técnicas que emplean enfoques similares de trabajar con partes, sub personalidades, voces, etc. de nuestro yo, como es Voice Dialogues, Big Mind Big Heart, Trabajo con Sombras, Internal Family Systems (IFS), el trabajo con arquetipos, y ya con diferencias importantes se pueden incluir las más clásicas de la Psicosíntesis y de la Imaginación Activa, en el campo de la psicología psicoanalítica y jungiana.
Algunas referencias
Arntz, A., and Jacob, G. A. (2012). Schema Therapy in Practice. An Introductory Guide to the Schema Mode Approach. Sussex: Wiley.
Young, J. E., & Klosko, J. S. (1993). Reinventing your life. New York: Dutton
Young, J. E., Klosko, S., and Weishaar, M. E. (2003). Schema Therapy – a Practitioner’s Guide. New York, NY: The Guilford Press.
tusabiamente.org
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