“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

Sentido y responsabilidad vital desde el punto de vista de los existencialistas y de los seguidores del Dao

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

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“La vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción”. Unamuno

“La vida es una tragedia para los que sienten, y una comedia para los que piensan”. Jean de La Bruyère

Algunos recordamos la existencia absurda de personajes en los libros de Albert Camus, como en El Extranjero, el Mito de Sísifo y otros, o el sentimiento trágico de la vida que expresa Unamuno, o la búsqueda de la autenticidad y el sentido de vivir de los escritos de Sartre. También a veces nos han impresionado las afirmaciones de vida desinhibida de Nietzsche o los pensamientos de planteamiento vital de Kierkegaard. Estos pensadores pertenecen a la corriente existencialista de la filosofía, la cual presenta diferentes variantes y matices según la procedencia y el contexto cultural y social de cada pensador.

Un rasgo básico que caracteriza al pensamiento existencialista es dar prioridad a la vida, a la existencia, sobre posibles esencias o entidades metafísicas, más allá de lo que podemos captar. Así, yo antepongo mi realidad, la “facticidad” de mi propia vida y de mis circunstancias a las ideas y conceptos impuestos desde fuera por la cultura, la religión o las instituciones. Los existencialistas hablan de ser “arrojados a la vida”, o que “la existencia precede a la esencia”. 

Valores a los que atenerse

Para el pensador existencialista no existen valores objetivos a los que asirse, o sea, cada persona tiene que definir los suyos propios, el sentido de su vida (Viktor Frankl) y los objetivos con los que vivir. Uno termina reconociendo que todo lo que percibe del mundo está modificado o filtrado por la percepción e interpretación que hacen sus sentidos y su mente, es decir, lo que se nos presenta son fenómenos mentales (Husserl). Se reconoce que es imposible captar la esencia, el verdadero ser del mundo (Wittgenstein). El existencialista se centra en lo que puede hacer, que es vivir su vida. No le queda otro camino que ser práctico o pragmático. Quiere vivir de forma coherente, con sentido. Quiere que su vida merezca ser vivida; y ello por encima de lo que le pueda proporcionar los placeres, la riqueza o el poder.

Esta manera de ver la vida, que podría llamarse hasta cierto punto relativismo, tiene afinidades con el pensamiento taoísta, ya comentado en alguno de mis artículos. El taoísmo clásico surge en China unos siglos antes de la era común sobre todo con dos obras clave que son el Daode Jing (o Tao Te King) de Laozi y el Zhuangzi (o Chuan Tse) y que son la base del llamado taoísmo filosófico. El estilo que utilizan estas dos obras clásicas es paradójico y, sobre todo en el Zhuangzi, en muchos aspectos ambiguo, dejando espacio a la perplejidad. De ahí los múltiples comentarios que se han escrito en más de dos milenios. Este taoísmo filosófico, para competir con la creciente influencia del budismo procedente de la India, adquiere a lo largo del tiempo derivaciones religiosas, dando lugar a ritos, prácticas, un canon de escrituras, una jerarquía de deidades y también templos. Va adquiriendo un importante contenido metafísico y de reglas sociales y éticas, dando lugar al llamado taoísmo religioso. Pero aquí me centraré en el taoísmo filosófico, clásico.

En el Daode Jing, al principio, se habla de que aquello que pude ser nombrado no es el verdadero “Dao” 道 (el principio, la verdad). Más adelante se dice que el camino es vago y difícil de precisar. Se considera que nada es perfecto, pues incluso el yin contiene la semilla de su opuesto, el yang, y éste contiene la semilla del yin. No hay un principio o acción que sea bueno o malo en todas las circunstancias.

 

En el Zhuangzi se describe el sueño del sabio que, después de soñar que se convertía en una mariposa, despierta y no está seguro si al final es él el que ha soñado en la mariposa o la mariposa  en él. Se habla también de no resistirse a los cambios, sino de abrazarlos e incluso disfrutar con ellos. El sufrimiento procede de la resistencia a los cambios. Todos los juicios de valor son relativos, porque todo cambia; lo que hoy me parece un desastre mañana puedo descubrir que es un enorme acierto.

Zhuangzi soñando que era una mariposa

Coger las riendas de la vida sin pretextos

Volviendo al existencialismo occidental, si el existencialista quiere ser coherente, después de haber clarificado los valores con los que vivir, no le queda otro remedio que coger la riendas de su vida y vivir de forma auténtica con ellos, o sea hacerse autónomo y responsable de su propia vida. Es él el que va a dar sentido y en el fondo a construir esa vida. Y en ella, piensa, no tiene que dar cuenta a nadie, y menos a posibles seres o entidades metafísicas.

El taoísmo también hace responsable a las personas de que encuentren el camino más adecuado. Se podría llamar ética situacional, que es hacer aquello que se precisa en cada momento en el curso natural de las circunstancias. Se sigue la idea de “wu wei” 無為 (no acción), de no interferir, de ir con el flujo natural de los eventos, actuar sin forzar. Siendo sensible a las situaciones y sabiendo cuándo pararse o retirarse, evitando llegar a los extremos. Sabiendo vivir en calma y sereno. Abrazando los eventos y dejándolos ir sin aferrarse a ellos. Hay un juego entre ser independiente (microcosmos)  y a la vez ser consciente del contexto, del conjunto (macrocosmos). Uno se comporta como el agua, que se adapta al terreno en lugar de golpear, fluye, actúa con flexibilidad.

Actuar con serenidad, sin la reactividad procedente del miedo o la avidez condicionados

Lao Zi. Mural del Templo de la Nube Blanca. Beijing

Otro rasgo del existencialismo es cuestionar el valor absoluto de  lo que imponen las construcciones o instituciones sociales o el poder, salvo por lo que ayudan a los intereses prácticos. En esta línea, cuestionan el ego o el yo construido desde la infancia a partir de lo que se nos ha inculcado (Simone de Beauvoir, Michel Foucault). Y así el existencialista cada vez se centra en retomar lo que es natural y cree auténtico, lo que le conecta a la naturaleza, incluyendo lo corporal  (Marleau Ponty) y adopta un estar independiente. Se sitúa en lo que tiene delante o con lo que está en contacto, en lo que le es dado (dasein de Heidegger), en sus circunstancias (Ortega). Las categorías duales y dicotómicas (bueno-malo, bello-feo, material-espiritual, etc) igual que se han construidas pueden ser deconstruidas (Derrida).

En el taoísmo, uno retorna a lo natural, aunque más auto cultivado, en lugar de luchar contra ello. Da vida a las cosas, se relaciona con ellas sin controlarlas. Se habla del principio “pu” 樸, que quiere decir en mandarín “bloque de madera sin trabajar” (metáfora usada originalmente para hacer frente a la elaborada manipulación de la sociedad o del estado, como los objetos de jade, laboriosamente trabajados). Es el estado primordial de uno, antes de ser condicionado. Es el estado potencial, en el que uno percibe con un mínimo de prejuicios o condicionantes, más allá de la dualidad. Uno está unido, no es algo separado, sino que participa de algo mucho mayor a lo que hay que adaptarse, respetar y contribuir; y por ello deja a un lado la visión miope de su ego artificial que busca reconocimiento y control. Del principio pu deriva la actuación wu wei, antes mencionado, de aceptar y adaptarse a las circunstancias, con flexibilidad y espontaneidad. Aceptación no significa resignación. Uno realiza prácticas para auto cultivarse en los planos físico-sutil-espiritual y en la compasión y ayuda a otros seres, lo que constituye el “de” 德 (virtud o carácter).

La sociedad cambia y el mundo progresa, pero las cuestiones base sobre la condición humana son las mismas

El existencialismo se apoya en parte en ideas de la filosofía naturalista y helenística (Heráclito, Sócrates, epicúreos, estoicos, escépticos). Muchos de los pensadores existencialistas tuvieron conocimiento y recibieron influencias de las sabidurías del lejano Oriente que fueron penetrando progresivamente por diferentes víasy de forma creciente (Grecia-Persia, imperio de Alejandro Magno hasta India, viajes de sabios chinos al Occidente de Asia,  rutas de la seda hasta Roma, jesuitas en China, colonialismo europeo en Asía, etc.), y con impactos mutuos. 

Las características del existencialismo que son con frecuencia objeto de crítica giran en torno a su relativismo y nihilismo. En el caso del taoísmo, sobre todo del Zhuangzi, además del relativismo, la vaguedad y la no resolución clara de la dialéctica que plantea, lo que puede dar pie a pensar que defiende la mediocridad y el conformismo. Sin embargo, incide más en la interdependencia del hombre, presenta un tono positivo, no trágico, y plantea un camino con un amplio conjunto de prácticas.

El existencialismo y el taoísmo filosófico ofrecen ideas a mi entender relevantes para la reflexión de cara al conocimiento de la condición humana (auto-conocimiento) y a prácticas de vida. Estas ideas están lógicamente sujetas al sabio discernimiento de cada uno.

tusabiamente.org

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