“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

Fenomenología, yoga clásico y rueda de la conciencia

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

En este artículo trato de la evolución de la forma de percibir la realidad dentro de la corriente filosófica occidental de la fenomenología, y cómo el camino que se intuye es un camino trazado desde hace milenios en Oriente – el yoga clásico – para entender la naturaleza de esa realidad y para la liberación interior. Y concluyo afirmando que la conciencia de las sensaciones a través del cuerpo es una práctica beneficiosa para conectar con el ahora en la vida diaria.

Hombre de Vitruvio, Leonardo da Vinci, 1490

La respuesta está dentro de ti … en tu cuerpo

 

El Este fertiliza al Oeste 

Edmund Husserl

La filosofía occidental ha recibido a lo largo de su vida influjos del pensamiento oriental. Éste siempre ha sido una fuente fructífera y complementaria. Basta pensar cómo ya en la era axial, antes de Cristo, la filosofía de los Upanishads de la India o el zoroastrismo persa penetran en el mundo griego antiguo, y como a largo de los siglos el pensamiento taoísta o budista han dejado señales inequívocas en la filosofia moderna. La corriente filosófica occidental de la fenomenología, y el camino trazado desde hace milenios en Oriente con la filosofía del yoga, presentan paralelismos y afinidades, y son útiles no solo para la captación de la realidad, sino también para la liberación interior.

 

El camino vislumbrado por los filósofos de la fenomenología 

El sujeto o la persona percibe su mundo alrededor a través de lo que se le presenta, a través de los sentidos y de los pensamientos, esto es, mediante fenómenos mentales que aparecen a modo de figuras dentro de una película. Para uno de los fundadores de la fenomenología, el filósofo Husserl, el yo trascendente, el agente que llevamos dentro, presencia estos fenómenos y actúa en consecuencia según cree conveniente.

Primera edición de Ser y Tiempo

Es su discípulo, Heidegger, autor de la obra Ser y Tiempo, el que matiza esta perspectiva, que ya había sido adelantada al final por el propio Husserl, para indicar que ese yo que presencia los fenómeno mentales es un yo situado, es un yo envuelto en sus circunstancias vitales (Ortega decía que “yo soy yo y mis circunstancias”, y mucho antes Kant en su Crítica de la Razón Pura explicaba que en nuestra percepción interviene tanto lo que procede del exterior como lo interno, que son nuestros parámetros humanos de espacio-tiempo y nuestras prejuicios). Heidegger lo llama “dasein” en alemán.

Maurice Merleau-Ponty

Pero es el filósofo MerleauPonty quien da un paso más, al precisar que esa situación del yo es a través de su cuerpo; o sea, que es al final el cuerpo el que capta a través de los sentidos y del cerebro esos fenómenos. El hombre, el sujeto, sin cuerpo no es real, y además a las sensaciones que proceden del exterior se unen las sensaciones del interior, captadas a través de la llamada propiocepción o interocepción. El cuerpo se convierte así en una pieza fundamental para la captación plena de la realidad por parte del sujeto. En términos filosóficos, es fenomenología existencial o experiencial, frente a la fenomenología inicial de Husserl que se puede llamar trascendental.

 

El camino del yoga 

Estudio de anatomía, Miguel Ángel

Por otra parte, la filosofía oriental del yoga, hablando del yoga en sentido amplio, como es el que está en el fondo de los Yoga Sutra de Patanjali (Astanga Yoga o yoga de las ocho etapas o componentes), que éste compila en el siglo III a.C. aproximadamente, dentro de sus ocho etapas y después de los etapas éticas o de comportamiento con otros seres y con uno mismo (yama y niyama), incluye la forma de relacionarse con el cuerpo y, mediante él, con los fenómenos mentales, para alcanzar la liberación interior o Samadhi. Así contempla la respiración consciente (pranayama) y las posturas y movimientos (asanas) como paso previo para los siguientes pasos de autocontrol de los sentidos (pratyahara), concentración (dharana) y meditación (dhyana). Todo ello con el fin de alcanzar la última etapa que es la de Samadhi o liberación. Por tanto, después de los componentes éticos mencionados, hay primero una toma de contacto consciente con el cuerpo, para a continuación evitar o tratar de evitar el bombardeo procedente de los sentidos y centrarse en un objeto, preferentemente la respiración.

El sujeto se auto-observa, se auto-acepta (acepta, no juzga lo que se le presenta), es testigo y ve con distancia los fenómenos, empezando con las sensaciones de la respiración y del cuerpo (yo corporal), siguiendo con las sensaciones del exterior y pensamientos (yo situado), para alcanzar el final en el que el yo transcendental se identifica con lo observado (yo puro). Es paralelo al camino que la corriente filosófica occidental de la fenomenología recorre, pero en sentido inverso.

 

La sanación y el cuidado del alma a través del cuerpo 

Esta idea de usar el cuerpo o “corporeizar” para la sanación en sentido amplio aparece en la psicología moderna después de los trabajos de Peter Levine, la teoría polivagal de Stephen Porges y otras investigaciones, y está por tanto presente en el campo del mindfulness aplicado a la ansiedad, depresión y la vida diaria en general, con sus pequeños y grandes traumas. Véase por ejemplo la “rueda de la conciencia” del psiquiatra y profesor Dan Siegel, que contempla la concentración y la atención plena hacia los fenómenos que percibimos a través de diferentes sentidos. 

Rueda de la conciencia. Dan Siegel

 

La respuesta está dentro de ti … en tu cuerpo

 

Referencias

  • Heidegger, Martin. Ser y tiempo.
  • Husserl, Edmund. La idea de la fenomenología.
  • Merleau-Ponty, Maurice. Fenomenología de la percepción.
  • Siegel, Daniel J. Mindsight: La nueva ciencia de la transformación personal.

 

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