“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

Basta un gesto, una mirada, un tono de voz

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

El hombre es un animal social por naturaleza (zoon politikón), según decía Aristóteles. Es su condición social, su capacidad de relación con otros seres similares, lo que le hace humano. Pero en la relación social hay algo importante además del respeto, la rectitud, la justicia y la generosidad: el trato afable.

Armonía y generosidad

En todas las tradiciones se concede gran importancia a la armonía e incluso al amor a todos los seres. Así en la tradición de Oriente Lejano, aparece pronto el concepto o virtud de humanidad o benevolencia, ren. En la tradición hindú, el ahimsa o no violencia a los humanos y también a otros seres aparece en la base ética. En el budismo, es la compasión y la perfección – paramita – de generosidad. Lo mismo sucede en la tradición judeocristiana: el amor universal de Jesus, la virtud teologal de la caridad, etc.; y en otras corrientes.

La humanidad ha dado pasos fundamentales, como son la abolición de la esclavitud, la igualdad de la mujer, la Declaración de los Derechos Humanos, el reconocimiento de todo humano como ser digno para ser tratado como fin y no como medio, las políticas de redistribución de la riqueza, etc.

La Psicología y la Neurobilogia reconocen la importancia de la empatía (ponerse en lugar del otro), de la inteligencia emocional y de las habilidades interpersonales, para el bienestar de la persona y la de los que le rodean.

La importancia del trato 

Sin embargo, hay un aspecto importante que suele pasar desapercibido y no es suficientemente valorado. Se trata del gesto, del trato afable. Después del mínimo ético de tratar a una persona con el respeto que merece como ser con dignidad (trato con consideración, sin causar daño físico o psicológico), se encontraría a mi entender el “gesto”, el “cómo” se dice o no se dice algo (frente al mero “qué” se dice). A veces las prisas, nuestra reactividad, nos hace ignorar lo que en el fondo sabemos que es determinante. 

 

 

Y aquí son interesantes las recomendaciones de John Templeton, gran filántropo y escritor sobre potencial humano. Este pensador, creador de la Fundación que lleva su nombre, decía que un aspecto importante de la vida es cómo tratar a los otros de forma afable, cómo conectar con su corazón, cómo hacer que se sientan bien. Lo resume en: andar despierto y consciente por la vida, realizando además tres acciones ante el encuentro con otra persona (puede ser tu hija o el empleado de la tienda) – reconocer, animar y elogiar.

Reconocer: Saluda, establece contacto visual, sonríe, charla, escucha de forma activa (ver artículo Sintonía y Resonancia mediante la Escucha Activa ) a aquél con que te encuentras. Siempre sé consciente de cómo dices algo. 

Animar: Da palabras de ánimo a aquel que no está en su mejor momento, que necesita un empujón, deseándole verbalmente e internamente un buen día.

Elogiar: Celebra a aquél que hace algo positivo o resalta algún aspecto atractivo de la persona con la que te encuentras.

Evidentemente hay que emplear el discernimiento para saber las circunstancias y el contexto en el que es adecuado y decoroso, para no caer en la alabanza vana y menos aún en su uso para manipulación (maniobra para obtener beneficio propio). 

Preparados para ser amables

El hombre está fisiológicamente preparado para recibir trato afable. Hoy se sabe que ya desde pequeños los humanos, y también los mamíferos,  se fijan en los gestos y el tono de voz de los que interactúan con ellos. Gestos amistosos y tono o prosodia suave de voz da lugar a calma y relajación de los mecanismos de defensa. En la teoría polivagal de Stephen Porges se muestra que el sistema nervioso autónomo, que es no voluntario, tiene varias partes bien diferenciadas que protegen la seguridad del ser: el sistema parasimpático primitivo, el sistema simpático y el sistema parasimpático de los mamíferos.

 

Stephen W. Porges. Polyvagal Theory

 

El sistema parasimpático primitivo (nervio vago no mielinizado) conduce a la paralización como última defensa ante una amenaza vital. El sistema simpático lleva a lucha o huida ante una amenaza. Y el sistema parasimpático de los mamíferos (nervio vago mielinizado, ubicado por encima del diafragma abdominal – ver figura) capta el nivel de seguridad mediante la llamada neurocepción, fijándose en los gestos, la mirada, el tono de voz, y lleva a relajación y a la apertura a la interacción social.

 

Como decía la Madre Teresa de Calcuta:

Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del ….

 

Referencias

Porges, Stephen W., 2011, The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundatons of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation

Rapsas, Tom.  2013. How to be an even better you. Patheos.com

 

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