“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

Ansiedad vital y liberación por las vías Vedanta, Estoica, Budista y Existencialista en una síntesis

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

Cuando miramos al conjunto de nuestra vida y a la de los que nos rodean, y nos paramos a analizar sus vicisitudes, contratiempos y sobre todo su carácter finito, nos entra una sensación de angustia.  Cuando reconocemos la no correspondencia entre nuestras necesidades o aspiraciones y la reacción del universo hacia ellas, que en el fondo es indiferencia, aparece en nosotros una sensación de impotencia. Es lo que los filósofos existencialistas, como Sartre o Camus, llaman el absurdo de la vida. Se trata del drama del reconocimiento de nuestra mortalidad, de que existimos para morir, el Sein-zum-Tode (ser para la muerte) que diría Heidegger. Y esto causa la mayor angustia, que es la angustia existencial. Es el sentimiento trágico de la vida a que se refiere Unamuno en su obra.

Sísifo subiendo la carga una y otra vez

Ante este sentimiento vital de todo ser humano, la reacción natural es buscar la liberación. Se pueden adoptar diferentes vías para ello, aunque algunos prefieran no pensar y dejar estos temas a un lado.

Para los existencialistas ateos la respuesta es la de aceptar esta situación y tratar de vivir de la forma más auténtica y responsable. Para ellos se hace necesario reconocer que uno es libre en el fondo, que uno puede elegir la actitud con la que vivir. Es inútil buscar unas normas de comportamiento fuera, tenemos que elegir nuestros propios valores y vivir de acuerdo con ellos. Los existencialistas ateos abogan pues por la autenticidad y responsabilidad. Por autenticidad se entiende la coherencia entre las acciones y los valores de uno, y por responsabilidad la determinación para actuar con autenticidad y no con la inercia del momento. 

Rueda de la vida a la entrada del Monasterio de Hemis en Ladakh. Se muestra la vida cíclica de existencia condicionada aprisionada por Yama. Buda, arriba a la derecha, señala el camino.

Otra alternativa nos la da el budismo. Para la sabiduría budista esta vida implica sufrimiento e insatisfacción, dukkha en sánscrito. Este sufrimiento deriva de la ignorancia con la que vivimos, guiados por un yo que es ilusorio y que se mueve con labil reactividad (avidez y aversión) en medio de un mundo donde todo es transitorio. Para el budismo la solución es darse cuenta de esta ignorancia y practicar el camino del medio de Buda, donde además de la conducta ética hacia los demás y hacia uno, se practica el desapego de los eventos y fenómenos, y el entendimiento de la interdependencia y unidad de todo, para de esta manera llevar una vida de acciones sabias y compasivas (sabiduría y compasión). El esfuerzo recae en la persona, que además debe entender aquello que práctica  y no recurrir a dogmas o creencias. En este último tema hay matices y excepciones, como por ejemplo, en la rama budista de la Tierra Pura, donde se reconoce la incapacidad del ser humano para liberarse por sí solo y se recurre al Buda Amitsba para que lleve al adepto a la tierra pura y le salve.

Rueda del samsara y camino a la liberación moksha en el Templo Shri Kashi Vishwanath de Benarés

En el hinduismo se reconoce un samsara, una vida cíclica que se repite llena de todo tipo de vicisitudes y eventos placenteros y dolorosos. Se aspira a la liberación de ella, al moksha, a través de los diferentes yogas – de la acción, de la devoción y del conocimiento -. Centrándonos en la filosofía Vedanta, la liberación puede ser por esfuerzo personal o puede requerir la fe y la ayuda del Ser Universal trascendente. Así en el primer caso, que es el monismo no cualificado de Shankara, uno reconoce que en el fondo es atman, y que es igual a brahman, o sea que es el propio Ser Universal. En el segundo caso, que es el de la no dualidad cualificada de Ramanuja o el teísmo dualista de Madva, se requiere por un lado la fe y por otro la gracia de un dios trascendente al ser humano, y que éste recorra el camino de  los yogas y especialmente el bakhti (devoción) yoga en las diferentes vidas. 

Ciudadela de Erbil en el Kurdistán de Irak

Para la sabiduría estoica la vida presenta todo tipo de situaciones dolorosas y placenteras. La  respuesta o actitud de los estoicos es la de disfrutar de los placeres sutiles y aceptar, abrazar e incluso amar todo lo que viene, agradable o doloroso. Son capaces de discernir entre lo que pueden controlar, y lo que no pueden controlar. Se refugian en su “ciudadela interna”, que no puede ser perturbada desde el exterior. Practican ejercicios para afrontar y capear las vicisitudes (premeditatio malorum, memento mori, carpe diem, etc.). No creen en una entidad que les libere de la finitud de la vida. Contemplan un Logos o principio ordenador del mundo, del que el hombre forma parte, pero que no atiende a los deseos de las personas.

Detalle del Jardin de las Delicias. El Bosco. Museo Del Prado.

Los pensadores cristianos, como Kierkegaard o Unamuno, que podemos llamar existencilistas cristianos, por su preocupación por la existencia, por el sentido y destino de la vida, reconocen también el carácter trágico de la misma. Suelen atribuir esta situación de tragedia al pecado original, a la cara negativa y pecadora del hombre, pues entienden que no es lo que quería Dios para él (Kierkegaard), o la asumen como una realidad sin entrar en sus causas (Unamuno). Para estos pensadores, la actitud a adoptar es la de esperanza y de fe en Dios personal y trascendente, que solucione nuestra finitud y nos ayude en el tránsito a la inmortalidad y al reino de los cielos, después de haber llevado una vida de conducta ética y virtuosa (virtudes cardinales y teologales). La aceptación y el centrarse en lo que podemos cambiar son prácticas que ayudan a sobrellevar esta situación vital; pero para ellos la gran palanca de salvación es Dios.

tusabiamente.org

72911