“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

Acción, conocimiento y visión como antídotos para la confusión

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

Por qué se hace algo que causa daño. El conocimiento y la acción van juntos. Es más, la acción necesita de la sabiduría y del amor universal, y éstos necesitan de la acción.

Nicholas Roerich. Quest

Supongamos una persona que está conduciendo conscientemente a una velocidad muy por encima de la permitida en un tramo de carretera. Hay diferentes formas de pensar en por qué lo hace. Para algunos es fruto de su falta de autocontrol. Para otros es por falta de conocimiento o ignorancia, o quizás mejor, por confusión mental. En la argumentación que presento a continuación hago alusión a tres corrientes de sabiduría y filosofía de diferente raigambre que tratan este tema de forma práctica, para el que desee  profundizar.

Se causa daño o se actúa contra el deber o se es poco virtuoso

Normalmente se considera que el comportamiento es inadecuado o malo cuando ese comportamiento hace o puede hacer daño a la propia persona o a los demás. Este es el criterio más simple o “utilitario” (siguiendo la ética de las consecuencias o utilitarismo), para cualificar ese comportamiento como malo. Pero podemos aplicar un criterio “deontológico” (siguiendo la ética del deber o deontológica) y entonces considerar que ese comportamiento no es adecuado o no es ético cuando viola una norma racional deontológica (en la línea de Kant), derivada de la milenaria regla de oro de no hacer a los demás lo que no quieres que te  hagan a ti,  o cuando contradice el principio de considerar a las personas como fines y no como medios. Por otro lado, dentro de una ética “de las virtudes” y “situacional” ese comportamiento no sería bueno si no está en línea con las virtudes sancionadas por la práctica de la tradición teniendo en cuenta el contexto y circunstancias.

El conocimiento y la acción van juntos

En Occidente hay corrientes de pensamiento que asumen que el hombre es en el fondo bueno. En Oriente hay pensadores en la misma línea, como por ejemplo el caso del confucianista clásico Mencio y del filósofo Wang Yangming, neoconfucianista de la China del siglo XVIII, cuya pensamiento es cada vez más valorado. Wang Yangming estudió tanto confucianismo, como taoísmo y budismo. Fue el fundador del idealismo en China (para él todo estaba en la mente) y el creador de la llamada escuela de la mente del neo confucianismo.

Para él, si una persona hace algo inadecuado, no es que tenga un problema de falta de autocontrol, sino que no tiene conocimiento. Si tuviera conocimiento, no realizaría esa acción. Una conclusión importante de su intuición es que el conocimiento y la acción están íntimamente unidos. El conocimiento es el principio de la acción y la acción es el fin del conocimiento. Para él, aquéllos que dicen que saben pero no actúan en consecuencia, en realidad no saben. De ahí la importancia que concede al estudio, reflexión y aprendizaje en general. De hecho su confucianismo se llama “daoxue” (aprendizaje del camino). Parte de la premisa de que los seres humanos en el fondo son buenos en la línea del filósofo chino clásico confucianista 

Nicholas Roerich. Book of wisdom

El conocimiento necesita de la práctica y está del conocimiento

A una conclusión similar de necesidad mutua entre conocimiento y acción llegan pensadores de otro extremo tanto geográfico como ideológico. Los pensadores de la corriente del pragmatismo de Occidente defienden que los conceptos deben estar basados en la práctica y en la contraste con la realidad, y que lo importante es la utilidad, la aplicación práctica y la contribución al progreso social de esos conceptos. Las figuras iniciales de esta corriente son los norteamericanos Pierce, William James y más tarde Dewey. Para Pierce mediante la confrontación experimental con la realidad se consigue la aclaración de los conceptos del conocimiento (y aquí  están incluidos tanto los conceptos de las cosas materiales, como los de las ciencias sociales y también los de la ética). Son los efectos o consecuencias los que constituyen nuestro concepto de conocimiento de un objeto (ente físico) o de un meme (ente social o abstracto). Dewey, por otro lado, resalta la importancia del conocimiento para fundamentar la práctica. Para él el conocimiento es el instrumento de una acción eficaz.

Acción con conocimiento y visión universal

El Bhagavad Gita, libro clásico de la sabiduría hindú y de cabecera de personajes importantes como Gandhi, que inspiró a pensadores como los trascendentalistas norteamericanos, nos da luz sobre cómo actuar. Y lo hace transmitiendo la filosofía práctica de tres yogas o disciplinas: el yoga de la acción, el yoga del conocimiento y el yoga de la devoción. Dice el Gita que el ser humano siempre actúa. El quedarse quieto o no hacer nada en el fondo es actuar, es un comportamiento. Pero hay infinidad de cursos de acción que se pueden dar a lo largo del día. Son las decisiones que tomamos cada día las que van marcando nuestra vida y van definiendo nuestra narrativa vital. La disciplina de la acción que señala el Gita lleva a dar importancia a nuestro comportamiento. Esto no es banal. La acción tiene consecuencias para nosotros y para otros. Es el yoga de la acción

Pero esta acción tiene que estar informada por el conocimiento. Y aquí entra en juego el segundo yoga, la disciplina del conocimiento, que permite discernir entre distintas pretensiones. Éstas pueden ser relativas a nuestra posición social o trabajo que desempeñamos, a lo que demanda nuestra naturaleza como humano en la sociedad y en el mundo, o simplemente a lo que nos pide el cuerpo, los satisfacción de nuestros deseos, a veces inmediatos. Este discernimiento lo da el yoga del conocimiento.

Además el Gita contempla la disciplina de lo que designa como yoga de la devoción, que es supeditar los impulsos  inmediatos de nuestro ego a los objetivos de orden superior, como miembros de la humanidad, como parte interdependiente en el mundo (coincide con el “agape” o amor universal de la tradición occidental). Ello obliga a la reflexión y a ser consciente de esos impulsos instintivos por un lado, pero también de los perjuicios y tendencias que traemos por pertenecer a una familia, lugar, una raza o un género, por otro.

Practicando las tres disciplinas podemos decidir y actuar liberados de la esclavitud de los sentidos, y guiarnos por valores  mucho más grandes y abarcadores (superando el egocentrismo y etnocentrismo, con una perspectiva mundo o cosmo-céntrica).

La acción necesita de la sabiduría y amor (devoción) universal, y éstos necesitan de la acción.

Referencias

Ching, J., 1976. To Acquire Wisdom: The Way of Wang Yangming. Columbia University Press

Easwaran, E., 2007. The Bhagavad Gita. Nilgiri Press

Hookway, Ch. Pragmatism. Stanford Encyclopedia of Philosophy

 

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