“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

No-yo, eternalismo y nihilismo como terapias para solucionar la insatisfacción vital

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

La doctrina del no-yo de Buda es una estrategia para ayudar al hombre en el camino de la liberación del sufrimiento. Otras maneras de ver el yo, como el eternalismo o el nihilismo, ofrecen otras perspectivas.

… Y entonces un transeúnte, Vacchagotta, se acercó al Buda, y ambos se saludaron. Se sentó al lado del Buda y le preguntó: “¿Maestro Gautama, existe el yo realmente?”. El Buda permaneció callado. “¿Entonces el yo no existe realmente?”, volvió a preguntar. Y por segunda vez el Buda permaneció en silencio. Vacchagotta se levantó y se fue… 

Y entonces el venerable Ananda (discípulo del Buda) le dijo al Buda: “Señor, ¿por qué no contestaste a la pregunta de Vacchagotta?” ...

Y prosiguió el Buda: “… y si le hubiera contestado que el yo realmente no existe a Vacchagotta, éste, que ya estaba confundido, se hubiera quedado aún más perplejo…”

Samyutta Nikaya 44.10, Canon Pali.

El Buda siempre se mostró escéptico hacia lo metafísico y trascendente. Su decidida intención práctica queda de manifiesto también en la parábola de la flecha envenenada (parte de los discursos medianos Majjhima Nikaya del Canon Pali): “Suponed que un hombre viene con una flecha envenenada clavada y el médico le quiere extraer esta fecha inmediatamente. Pero imaginaos que el hombre no quiere que le quiten la flecha hasta que tenga conocimiento de quién la disparó, su edad, su procedencia y la razón de dispararla. Qué pasaría? Que el hombre moriría antes de tener todo este conocimiento …”

Para solucionar el sufrimiento

La doctrina del no yo en el budismo es importante puesto que es la base para solucionar el problema del sufrimiento del individuo. Las personas consideran su yo como algo independiente y permanente debido a la tendencia a construir una falsa identidad a partir de la corriente de fenómenos psíquicos que perciben. Creamos un yo imaginario como el centro permanente de nuestra experiencia (como también afirmaba el filósofo Hume). Esta creencia en un yo falso es una muestra de la ignorancia que afecta a la condición humana. Adoptar esta idea del yo conlleva que la persona se apegue a ese yo, o ego, lo cual es causa raíz de emociones negativas, como egoísmo, odio, engreimiento, etc., que dan lugar a un sentimiento de no satisfacción vital. 

El no yo (anātman en sánscrito), junto con la impermanencia (anitya), y la insatisfacción vital (duhkha), son las tres marcas o atributos de la existencia, según el budismo.

Investigaciones filosóficas 

Aunque el Buda no se implica en especulaciones, las dos escuelas filosóficas más importantes del budismo investigan la naturaleza de la realidad y del yo. La escuela Mādhyamika, fundada por Nāgārjuna (siglo III, director de la Universidad de Nalanda y una de las figuras de más talla en la filosofía oriental), se sitúa en una posición intermedia entre el eternalismo y el nihilismo. Considera que todas las cosas tienen dos realidades, una realidad absoluta (vacío o sūnyatā), que está vacía de existencia independiente, y una realidad relativa o convencional, que es la que perciben las personas. La escuela Yogācāra o de «solo mente» (idealista) considera que todas las cosas son meras percepciones o fenómenos de la mente. Ambas escuelas consideran que el yo es una construcción. Pues para los primeros hay, por un lado, un yo vacío de existencia independiente y, por otro, un yo meramente convencional percibido por el hombre. Y para los segundos el yo es simplemente una creación de la mente.

No obstante, dentro de la escuela Mādhyamika, Āryadeva y Chandrakirti, usando la estrategia de emplear con cada persona la enseñanza específicamente más adecuada para ella (upāya), dicen que para ciertos individuos es más positivo que se queden con la idea de que existe un yo ( yo convencional evidentemente) que de lo contrario. El concepto de no yo lo entenderían aquellos otros con mayor capacidad o disposición, o sea los que pueden captar el significado profundo de las enseñanzas de Buda. Para éstos el yo convencional es falso y equivalente a un sueño. 

Dentro de Yogācāra, Vasubandhu contesta a las dudas típicas  de los que piensan que existe un yo permanente e independiente: la experiencia subjetiva, el sentido de agencia y la acumulación de karma. Sobre el primer tema contesta que no es necesario tener yo para captar o percibir un objeto o captar una sensación (en la línea de Hume). Con respecto a la agencia, dice que las acciones son eventos consecuencia de una cadena causal, y que en ella no hay ningún papel para un agente independiente. 

En cuanto al último punto, surge la duda de cómo es posible que se acumule el karma de una acción en el agente de la misma, si éste no existe. A esta duda, Vasubandhu contesta que la acción inicia una serie causal que da lugar a un resultado después de varios pasos intermedios. Pero este resultado no altera ningún yo agente de la persona, sino que tiene consecuencias sobre el futuro de los agregados, skandhas, de que la persona está constituida (forma, sensaciones, percepciones, formaciones mentales y conciencia), con lo que los resultados de las acciones aparecen más tarde en esta u otra vida (si se cree en la reencarnación). Por tanto, no debe dar igual hacer una acción u otra; los resultados o consecuencias llegan en algún momento.

Sentido práctico 

Hay que considerar, como bien claro lo deja Nāgārjuna, que al final todas las doctrinas, incluso la propia del Mādhyamika y Yogācāra no son verdades absolutas, están vacías de sustancia y validez independiente, y son un mero medio para avanzar en el entendimiento, o sea son upaya. Y así el concepto de sunyata, como el de anātman son también upaya, meros medios para avanzar en el camino de la liberación, camino que además es diferente para cada uno. 

El no-yo se refiere a la no existencia de un yo eterno y separado del resto del mundo; esto es, el yo del hombre no tiene existencia independiente, está interconectado, o interpenetrado con todo lo demás. No hay entes separados con relaciones e interacciones entre ellos, sino un todo relacional, donde se perciben momentáneamente los entes, los yo, etc.

En los escritos que recogen la doctrina de Buda, no hay ninguna afirmación sobre la existencia o no del yo. Buda permanece en silencio. Lo mismo que hace con respecta a la realidad última. Si el hinduimo del que surgió el Budismo afirman la existencia del Bráhman, el Buda no dice nada; si los hindúes afirman el alma o Ātman, el Buda no dice nada.

A Buda lo que le preocupaba era la liberación del sufrimiento, la libertad incondicional. Así pues, el anātman es más bien una estrategia práctica para que la persona no se aferre a su yo o ego. Buda atribuye la causa del sufrimiento a la ignorancia, a carecer del entendimiento de que nada es permanente e independiente, incluido el propio yo. Ceguera que nos hace que quedemos sujetos al condicionamiento, al apego, a la reactividad, con la consiguiente insatisfacción.

Gustavo Doré. Ilustración de la Divina Comedia de Dante, el Paraíso

Otras perspectivas

En las tradiciones eternalistas el yo juega un papel importante, aquí y más allá de la muerte. En el Hinduismo, dentro del Vedanta,  se contempla un alma o Ātman, idéntica al Bráhman o absoluto, que perdura vida tras vida hasta que alcanza la liberación de la rueda terrenal,  y realiza la plena identidad de ambos. En la tradición china del Taoísmo, se considera que la persona como tal, a través de prácticas de alquimia interna, puede llegar a la inmortalidad. Hay que hacer notar que, siendo esto así, tanto un tradición como la otra contemplan la reducción y dominio del ego como elementos importantes de sus prácticas y con consecuencias soteriológicas de cara al más allá.

Lo mismo cabe decir de las tradiciones, también eternalistas, de Occidente y Oriente Próximo, donde se considera que el alma individual sobrevive a la muerte y transita por otros dominios hasta unirse o juntarse con Dios. El yo alma perdura eternamente, pero en esta vida se prescribe la disminución del ego, a través de la generosidad, humildad, etc. (moral de las virtudes).

Por otro lado, es conocida la postura de la Ciencia o paradigma científico, que es la de que el yo desaparece con la muerte, y que la conciencia y específicamente la conciencia del yo son productos del funcionamiento del cerebro. Si éste deja de funcionar, entonces la mente, la conciencia, el yo desaparecen. El yo se forma en la niñez, opera (como sujeto de experiencias y agente) durante la vida y con la muerte se extingue. Es la postura nihilista en la que corrientes como el estoicismo o el existencialismo intentan dar sentido.

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