“Valoro a un hombre no por su fortuna, sino por sus costumbres” (Séneca)

Después de despertar viene ayudar a despertar

Por José Bermúdez Marcos - Psicólogo e Investigador

Kierkegaard, Maslow, Atisa fueron algunos de los que pensaron en los estadios a recorrer en el camino de desarrollo personal. El despertar a la no dualidad lleva a la compasión, que en el más amplio sentido es ayudar a despertar.

El prisionero, ya fuera de la caverna, queda asombrado por el sol

Søren Kierkegaard, uno de los pensadores que asentó las bases de la filosofía existencialista, se caracterizó, entre otras cosas, por pensar en la existencia concreta de cada persona, frente a las abstracciones de otros filósofos que le precedieron, como Hegel.

Distinguía tres estadios por los que puede pasar una persona: el estadio estético, el ético y el que llamaba religioso. Cada una de ellos contiene al anterior, y no necesariamente un hombre recorre todos en su vida. En el estadio estético el hombre trata de satisfacer sus necesidades básicas e inmediatas, y atiende fundamentalmente a lo externo que entra por sus sentidos. Trata únicamente de disfrutar de la vida.

En el estadio ético la persona ya se responsabiliza de su vida y de las elecciones que hace dentro de la sociedad. Se compromete con ella misma y con los demás, y se hace consciente de lo que es bueno y lo que es malo.

Y por último en lo que él llama estadio religioso, que incluye los dos anteriores, el hombre busca un sentido a la vida en algo más amplio que le trasciende. En este estadio, para Kierkegaard, el hombre se compromete con Dios (él era cristiano).

El prisionero sale hacia la libertad

En el mundo de la psicología se han empleado diferentes niveles o etapas para categorizar las necesidades e inquietudes del hombre. Se considera también que uno puede quedar anclado en uno de esos niveles, sin avanzar al siguiente. El esquema más clásico y sencillo es el del psicólogo Abraham Maslow, que contempla un primer nivel de necesidades básicas, un segundo de necesidades sociales o de relación y un tercero de autorrealización o de sentido de la vida. Cada uno incluye el anterior, y no todo humano recorre los tres.

Si ahora nos fijamos en los cuatro fines de la vida del hombre según la tradición hindú, se adivina un paralelismo. Éstos son: Artha, que se refiere a los fines de bienestar y riqueza material, que dan apoyo a la vida; Kama (de ahí, Kama Sutra), que se refiere a los deseos y a los sentimientos, sin prestar atención a los cuales el hombre lleva una vida de auto-represión; Dharma, que implica seguir las reglas y obligaciones dentro de la sociedad, que actúan de guía para vivir en armonía; y Moksa, que es el fin de libertad espiritual, en que el hombre se encuentra con su auténtico ser.

Placa dentro del Templo Shri Vishwanath en Benarés, India

Es fácil ver la correspondencia entre el estadio estético y el de necesidades básicas con el fin Artha y Kama. El estadio ético y el nivel de relación social se corresponden con la finalidad Dharma en el hinduismo. Y el estadio religioso y de sentido de la vida se corresponde con el fin de liberación Moksa

Si contrastamos estas ideas con el pensamiento de Atiśa Dīpaṃkara, maestro del budismo Mahayana del siglo XI, se encuentran igualmente similitudes. En el tratado la Lámpara del Sendero de la Iluminación o Lamrin escribe que existen tres tipos de personas con diferentes capacidades. De forma muy simplificada, para Atiśa en primer lugar están aquéllas que buscan para sí, dentro de su existencia, nada más que los placeres. A continuación están aquéllas que, dejando a un lado o auto-controlando los placeres inmediatos, buscan la máxima paz para ellos mismos, o sea, su liberación personal. Y a continuación están aquéllas que no se conforman con su propia liberación y que tratan además de que los demás se liberen.

La idea de no conformarse con la propia paz, liberación y despertar aparece en muchas corrientes de sabiduría. Ya en la alegoría de la caverna en la República, Platón describe cómo el prisionero liberado sale al exterior de la caverna, contempla el sol y las cosas por él iluminadas (o sea sale de la ignorancia y descubre la verdad), al principio queda cegado, se asombra y vuelve al interior de la caverna a informar a los que siguen dentro.

Se entiende que de forma implícita en el estadio que Kierkegaard llamado religioso, en la perspectiva cristiana que él adopta, está el seguir el camino de amor universal de Jesús de Nazareth, que incluye el buscar el bienestar de los demás.

En las clásicas 10 Etapas del Despertar del Zen, representadas de forma gráfica y poética en la llamada Doma del Buey, se aprecia cómo en la última y décima etapa, después de recorrer el camino de doma, uno vuelve al mundo contento para ejercer la sabiduría y compasión.

El volver para ayudar a los demás a despertar es consecuencia del reconocimiento de la no separación esencial. La sabiduría lleva a la compasión.

tusabiamente.org

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